El desafío
Los clubes gestionaban socios, cuotas y entradas con planillas, sistemas aislados y controles manuales en la puerta. Eso significaba reventa, suplantación de identidad, largas filas y poca información sobre sus propios hinchas.
El problema técnico es extremo por naturaleza: el tráfico es casi nulo durante la semana y se multiplica en minutos cuando abre la venta de un partido importante o cuando miles de personas llegan juntas al estadio. Cada entrada tiene que venderse una sola vez y cada ingreso tiene que validarse en segundos, incluso si falla la conexión.
